¿Qué quiere ser de grande tu hijo?

Para los niños Montessori esta pregunta está de más, pues se conocen mejor sus habilidades e intereses

Renilde Montessori Xaltepec twitter

A muchos adultos les cuesta entablar una conversación con niños. Les preguntan datos sobre la escuela, sobre sus amigos y maestros. Y cuando se agotan esos temas es muy posible hagan la famosa pregunta “¿qué quieres ser de grande?”.

 

Esta pregunta puede ser interesante cuando los niños acuden a escuelas tradicionales. ¿Por qué? Pues porque en las escuelas tradicionales no hay un seguimiento a sus gustos y habilidades, sólo hay un adoctrinamiento. Entonces, resulta difícil saber los gustos de los niños y esa pregunta da una luz de sus intereses.

 

En cambio, para los niños Montessori esta pregunta está de más, pues se conocen mejor sus habilidades e intereses. Sin embargo, la respuesta a esta cuestión puede confundir a los niños. Y no porque no sepan lo que implica su respuesta. Más bien la confusión se debe a las reacciones de los adultos.

 

Cuando un niño pequeño dice que quiere ser pintor pero no es el gusto de los adultos, en ocasiones se le critica: “pero las nubes no son verdes”, “pero eres mejor en música, ¿no te gusta más el tambor?”. Entonces, lo que el niño está aprendiendo es a desconfiar de sus gustos y de sus decisiones.

 

Hay incluso otras situaciones que afectan el autoestima de los niños. Quizás hayas escuchado alguna vez que los padres etiquetan a sus hijos en tono de burla: “Anita es muy metiche y siempre anda preguntando cosas. Seguro será reportera”. O aún peor, cuando etiquetan a sus hijos con actitudes nocivas: “como mi hijo es muy flojo tal vez de grande será un buen vagabundo”.

 

Todos estos comentarios despectivos, ofensivos o que descartan las decisiones del niño afectan su seguridad. Y lo más probable es que se encuentre en un grave conflicto cuando llegue el momento de elegir una carrera o profesión. No sabrá distinguir entre lo que los papás no querían, entre lo que él quería y lo que los papás deseaban.

 

Así que, emprendamos el consejo de María Montessori y dejemos libres a los niños. No lo etiquetemos, evitemos las burlas o los malos tratos. Y de ser posible, evitemos las preguntas que implican pensar a un muy largo plazo.

 

Pero si se trata de otros adultos los que tienen estos comportamientos con los niños, es nuestra responsabilidad como padres detenerlos. Debemos pedir a los adultos que moderen sus actitudes y que respeten a los niños. Quizás hasta podemos decirles que eviten ciertas preguntas. Muy probablemente se molestarán, pero estaremos siendo buenos guías para los adultos y buenos protectores de nuestros hijos.

 

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