¿Por qué un ambiente estable es mejor para los niños?

Mantenerlos en el mismo ambiente propicia que los niños formen lazos afectivos fuertes

Renilde Montessori Xaltepec twitter

La infancia es una de las etapas más delicadas de los seres humanos. Tanto física como emocionalmente, se debe mantener un ambiente estable para que el desarrollo de los niños sea pleno y más sano.

 

La razón de estas afirmaciones está en los estudios que María Montessori realizó durante muchos años. Ella se daba cuenta de que cada aprendizaje es un reto para los niños, mismos que se deben cumplir uno a la vez para reforzar su seguridad y su autonomía. De lo contrario, los niños pueden malinterpretar esos aprendizajes y pueden tomarlo como aspectos negativos de su vida, provocándoles emociones negativas hacia el crecimiento. ¿A qué se refiere específicamente esto?

Por ejemplo, cuando un niño está en la etapa de dejar el pañal para controlar sus esfínteres, es necesario que supere este aprendizaje con toda la atención de mamá y papá. Si por alguna razón esta vivencia queda desplazada por otra situación, por ejemplo, una mudanza o la llegada de un hermanito, el niño puede retardar el aprendizaje y no sentirse cómodo con el uso del baño. La consecuencia será que haga constantes rabietas, pues querrá llamar la atención para dar ese gran paso ya que cuando el momento era “suyo” se sintió desatendido.

 

La estabilidad también debe mantenerse, por ejemplo, cuando han concluido un grado de estudios. Mantenerlos en el mismo ambiente propicia que los niños formen lazos afectivos fuertes con sus compañeros y sus guías, creando un ambiente de confianza que les dará seguridad en su desarrollo.

 

Lo mismo sucede en todos los cambios que ocurren en la infancia: la sustitución del biberón por el vaso, la caída de los primeros dientes, su ingreso al kínder o a la primaria, etc.

 

Pero, ¿por qué debemos los padres atender estas cuestiones y darles estabilidad en esos momentos? Pues bien, así como son emocionantes para los adultos esos cambios en los niños, ellos mismos se emocionan al saber que dan un paso más y que se acercan más a la vida cotidiana de los adultos.

 

María Montessori descubrió que los niños tienen un entusiasmo natural por ir descubriendo sus habilidades y sus progresos. Cuando cuentan con el apoyo de sus padres, aprenden a que el progreso es un motivo de alegría y de satisfacción. Pero si en los momentos de progreso hay una falta de atención o una ruptura en la cotidianidad, los niños pueden sentirse rechazados y su entusiasmo se puede ver afectado, dando lugar a un pronto desinterés por el crecimiento.

 

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